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Sistema de Cultivo PDF Imprimir E-mail

El ciclo de la tierra

Las bases de nuestro sistema de cultivo son simples: una agricultura absolutamente natural, que permite al clima y la tierra, sin presión, sin esfuerzo, ofrecer un fruto característico de varias parcelas, aplicando sistemas de cultivo que logran integrar le energía de la naturaleza y del cosmos dentro del viñedo y el fruto. A diferencia de la biodinámica, nuestros métodos no implican la introducción de materias extrañas al lugar, (partes de animales etcétera) sino que se basan en el equilibrio ecológico propio de cada suelo concreto.

Al no emplear desherbantes químicos, productos fito-sanitarios ni abonos químicos se permite que la hierba crezca para que después pase a formar parte de la tierra como materia orgánica natural. Las hierbas originarias de esta zona y de la región, aportan el equilibrio natural al terreno. Y este es el rasgo diferenciador con respecto a la agricultura ecológica, en la que se plantan algarrobas y gramíneas etcétera para que luego sean abono. En muchos casos, estas plantas no son autóctonas del lugar, y no aportan un equilibrio adecuado a cada suelo en concreto. En el cultivo natural aprovechamos los ciclos de hierba que crece naturalmente en determinadas zonas, de manera que el exceso de nutriente de una hierba es absorbido por el de la siguiente. Restaurando así un equilibrio mucho más sutil, y a la vez más auténtico, a cada entorno particular.

la recolección y la poda se hacen en consonancia con la posición de las estrellas y otros aspectos astrológicos. Solamente se labra una o dos veces al año cuando los nidos de los pájaros (en nuestras parcelas, mayoritariamente perdices y jilgueros) ya han volado.

Al permitir la biodiversidad en los cultivos, una lucha biológica natural se establece en ellos. Por ejemplo la gran tendencia que tienen a procrear las mariquitas permite que estas se coman a los pulgones. Los pájaros que allí anidan son depredadores naturales de insectos como por ejemplo la polilla del racimo, mosquitos, moscas, etcétera.

Trabajando así, dentro de los viñedos nos convertimos en unos huéspedes más de la tierra. Nos unimos a ella compartiendo nuestra 'casa' con el resto de seres vivos que, por naturaleza, siempre la compartieron con nosotros.

Todos estos cuidados, unidos a que se intenta evitar cualquier tipo de acción agresiva hacia la vegetación, permite que se produzcan "uvas felices", a partir de las que sólo pueden generarse excelentes vinos, de una manera espontánea y natural.